martes, 26 de julio de 2016

GRAN TRAIL ANETO-POSETS......esta vez SÍ

De nuevo en Benasque un año después, de nuevo el gran reto por delante, realizar el "ocho infinito", tal y como lo describe la organización. El año pasado sabía que no llegaba bien entrenado ni física ni mentalmente, por diversos problemas; pero este año estaba preparado, y la única incógnita era el comportamiento de mi estómago, que últimamente responde mal al esfuerzo, y no acepta alimento sólido. Algunas medidas de prevención estomacal para intentar minimizar este problema, parece que surtieron efecto, al menos en parte.

Instantes antes de la salida

A las 12 de la noche puntualmente, se dió la emocionante salida con muchísima gente en las calles del pueblo; se ponía la piel de gallina ante los gritos, aplausos, ánimos, cencerros, flashes y demás. Somos 300 corredores y rápidamente nos estiramos haciendo una serpiente de luces blancas y rojas a través de la pista que nos va introduciendo en la montaña. Antes de meternos en la soledad del monte, pasamos por la zona del camping, donde se había juntado también mucha gente para animar nuestro paso, y luego ya de repente, el silencio y la oscuridad te rodea y te va metiendo en carrera. 
LLegamos a los Baños de Benasque, LLanos del Hospital, llegar a la Besurta y alcanzar el refugio de la Renclusa. Voy con mis compañeros Guillermo y Raúl, y vamos en el tiempo estipulado. 

Subiendo al Collado D´Angliós

Avituallamos y continuamos hacia Barrancs el técnico valle que nos sube al Collado de Salenques (2.808m). Una vertical pedrera, con palas de nieve en las que muchos corredores optaron por ponerse crampones. Nosotros viendo que entraba un poco el taco y que había tracción, tiramos sin ellos, y la decisión fue acertada, pudimos hacer la ultima trepada final entre bloques sin problemas. A esta altura, la lluvia, el viento, el frío, la niebla y las entreluces del amanecer, dieron una imagen impactante a la trepada final al collado, para mí, la imagen más bonita de la carrera.

Collado D´Angliós con el Ibon de la Ubaga al fondo

Paso fugaz por el control y para abajo, que no hay quien pare con el frío. La bajada entre grandes bloques también se las trae, un descuido y te metes una importante caída. Atravesamos una zona de media cuerda y llegamos al Collado 2.706 m., para bajar al Ibon de la Ubaga, y tomar una durísima subida al collado d´Angliós de 2,438, y bajar a la presa de LLauset. 
Nuevo avituallamiento y continuamos hacia el refugio de LLauset y enfilar hacia el Collado de Ballibierna (2.732 m), también bastante duro y técnico. Hasta aquí la parte más dura del primer bucle, ahora nos quedan unos 18 kms de bajada hasta Benasque.

Primer paso por Benasque, base de vida

LLegamos en 14:45 horas, dentro de nuestra previsión de tiempo, vamos bien de fuerzas y de ánimo, aunque ya se notan los 60 kms y casi 4000 m de desnivel positivo que llevamos.
La familia nos espera en el avituallamiento, nos anima, y tras recomponernos, iniciamos el segundo bucle. El calor se hace notar en el valle, y menos mal que vamos por un sendero entre bosque, y los árboles nos protegen del tórrido sol a las 4 de la tarde. Subimos al Molino de Cerler y bajamos a Eriste, donde empiezan de verdad las dificultades en este segundo bucle.

Bajando del Molino de Cerler, nos cruzamos con Euse, que participaba en la Maratón de las Tucas

Desde Eriste nos esperan 8 kms de subida continua para alcanzar el refugio Angel Orus (2.139 m), se hacen duros y pesados, y parece que nunca llega. Por fín aparece cuando cae la tarde y el frío empieza a hacerse notar; aquí mi estómago comienza a sublevarse, pero un par de caldos calientes me asientan un poco. La siguiente dificultad que nos espera es el collado de la Forqueta, a 2.900 m de altura y el punto más alto de la carrera. La aproximación es larga y penosa, hasta que alcanzamos el Ibón de LLardaneta (2.675 m), y a partir de aquí un vertical corredor nos sube recto al collado. Arriba el termómetro que tenían los voluntarios del control marcaba 5º, pero el aire daba sensación térmica bajo cero; los voluntarios aguantaban estoicamente, que grandes. 

Cascada de Espigantosa, camino del refugio Angel Orus

La bajada al refugio de Biadós es sencillamente interminable. La primera parte, nada más pasar La Forqueta, es una pedrera inestable y con muy mal agarre, por lo que hay que ir con cuidado. Además a la luz de los frontales, se pierden referencias y parece que no acaba nunca. Por fín llegamos al refugio, y ya nos queda afrontar después el último handicap positivo que nos queda, el collado de Estós (2.572 m). Si el refugio Biadós se hizo largo, el collado de Estós parecía que lo alejaban cada vez más, veíamos a lo lejos la luz de los voluntarios del control del collado, pero no llegábamos nunca, fue un poco tortura psicológica, y es que a estas alturas de carrera con unas 28 horas encima, se distorsionan distancias y tiempo en la noche.
Fichamos el chip en el collado y tiramos para abajo hacia el refugio de Estós, que al igual que Biadós, se hace muuuy largo, da la sensación que nunca llegamos al fondo del valle, acorralados por la oscuridad. Aquí, cuando menos lo esperábamos, aparece de repente el refugio, una pequeña alegría que nos estimula, pues ya es el último control antes de la ansiada meta.
Son las 4 o 5 de la madrugada, nos ponen una manta en las piernas y nos tratan de maravilla, daban ganas de quedarse más tiempo; pero de lo que teníamos ganas era de llegar a meta. Así que tras comer y beber algo cogemos de nuevo el camino para ir acercándonos poco a poco a Benasque de nuevo, y a las 8:07 a.m. enfilar las calles vacías del pueblo, ver la alfombra roja que conduce a la meta, y allí debajo del arco de llegada, nuestra familia esperando nuestro gran pequeño triunfo. 



Fotos, aplausos, felicitaciones, besos y un sentido abrazo con Guillermo y Raúl, felices de haber superado todas las adversidades y haber disfrutado con un montón de vivencias en esas 32 horas. FINISHERS!!!!

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