miércoles, 4 de septiembre de 2013

EL UTMB 2013

LLegó el momento más esperado del año y para allá nos fuimos 9 compañeros del Comando Guadarrama, con Chamonix como destino final.
El trabajo de todo el año, muchos entrenos, horas de sueño, de esfuerzo, de frío y calor, de risas y lamentos, lesiones y molestias, tienen su punto y final en este UTMB. Ya no hay margen de recuperación, o de mas entreno, ha llegado el día clave.
Tras 3 días de turismo por el valle visitando la Aiguille du Midi, el Tour panorámico hasta la punta Helbroner y el Mer du Glace, llegó el jueves, el día de recoger el dorsal, control de material, etc. Ni que decir tiene que Chamonix tenía un ambientazo impresionante.
Tras los trámites reglamentarios, todos estábamos listos para la salida el viernes a las 16:30, y con buen pronóstico de tiempo.
Nos colocamos bien, cerca del arco de salida, mientras la emoción recorría el cuerpo con el speaker, la música, y por fin la melodía de salida de Vangelis en un estallido de nervios, alegría y lágrimas.
Mucho calor en las primeras horas de carrera, atravesando Les Houches y St. Gervais, y un ritmo algo alto hicieron que se me empezaran a acalambrar los gemelos y los abductores. Desde el principio fuimos juntos Raul Menéndez y yo, y lo que deseaba era que llegara la noche para que bajara la temperatura. Afortunadamente llegando a Les Contamines ya había solventado ese problema, pero empezaba otro, desarreglo digestivo, que fue a peor según avanzaba en carrera. 
Los avituallamientos se volvieron un calvario, no podía apenas comer y beber, lo vomitaba, o me provocaba diarrea. Haciendo acopio de fuerzas fuimos solventando etapas, pasando los diferentes puestos de control y tiempos de corte con mucho margen. Uno tras otro superábamos los enormes desniveles Col du Bonhome, Col de la Seigne, Arete de Monfavre, y las vertiginosas e interminables bajadas, que nos llevaron a Courmuayer, base  de vida donde cambiarnos de ropa y descansar unos momentos.
Continuamos marcha para alcanzar los refugios Bertone y después el Bonati, antes de afrontar el Gran Col Ferret, desde el cual tuvimos unas vistas espectaculares del macizo de la parte italiana.
En varias ocasiones se me pasó por la cabeza la idea de abandonar, pues las nauseas eran agotadoras, pero me repetía a mi mismo que se pasaban en unos momentos, y la verdad es que cuando empezábamos a trotar mejoraba bastante, pero era llegar a un avituallamiento y me venía de nuevo.
Raul me animaba constantemente diciendo que seguro que llegábamos, pero yo no lo veía tan claro, al menos en mi persona, él iba sobrado.
Pasamos al lado suizo para llegar a Champex y luego subir a Bovine donde echamos mano de los frontales de nuevo para llegar a Trient, y afrontar una de las subidas que se me hizo muy larga hace 2 años, Catogne. También se me atrangató bastante en esta ocasión, pero una vez alcanzada, la bajada a Vallorcine suponía llegar muy cerca de meta, km 150. 
Solo 16 kms para llegar, pero había una sorpresa la Tete aux Vents, 1000m D+ en apenas 5 kms se hacen muy cuesta arriba a estas alturas de carrera. Lo superamos y después se hizo muy largo llegar a la Flegere, pues era terreno muy técnico con bloques de piedra y sube y baja continuo.
Por fin La Flegere, ya solo nos separan 8 kms a meta, y todos de descenso. Vamos viendo Chamonix a nuestra izquierda, abajo en el valle, y bajamos y bajamos y parece que nunca llega, siempre se ven sus luces debajo de nosotros. 
Una curva más y al fondo, recortado en la oscuridad se vislumbra como la entrada a una calle; es una imagen que se me ha quedado grabada, esa luz anaranjada y tenue iluminando suavemente las paredes de las primeras casas.
Es una conmoción especial, piensas a la vez: se acabó, por fin, en nada estamos en meta; pero a la vez me invade un sentimiento fugaz de pena, de que esta maravillosa aventura toque a su fin.
Recorriendo las vacias calles de Chamonix, con los pocos aplausos y ánimos de la escasa gente que a esas horas, 5:30 a.m. andan por las calles, recorremos los 2 kms que nos llevan a la gloria. Unos 300 m antes de la llegada nos están esperando nuestras mujeres para recorrer los últimos metros y entrar juntos por ese pedazo de arco de meta.























Se terminó, un sentido abrazo con Raul, las fotos, el chaleco, la alegría, los besos, los amigos, una sensación inolvidable, que tardó 37 horas y 14 minutos en tocar a su fin.

Muy contento con el tiempo conseguido, que nos llevó al puesto 511 de la general y 46 de mi categoría.

Esta carrera es otra historia, otro mundo y no se si volveré, pero las dos veces que he estado, me ha dejado prendado.