Hoy Maria y yo, nos hemos ido con mi amigo Eusebio y su mujer a pasar el día al Cañón del Río Lobos. Hacía unos cuantos años que no pisaba esta zona, tan querida por mí, y en la que he pasado un montón de peripecias en mis años de espeleólogo. He encontrado muy cambiado el lugar, sobre todo porque han asfaltado una parte del camino, como 2 km más o menos, y por la cantidad de gente que ahora lo visita, que hace que se pierda esa sensación que te sobrecogía cuando avanzabas por él.

Afortunadamente hay cosas que no han cambiado, y que han intentado mantener el antiguo espíritu del cañón, como el bar El Cañón, o Casa Puri, que sigue ofreciendo amabilidad, hospitalidad y buena comida, como hace 25 años, rematado con un buen café de puchero. Como bien me decía Puri hoy, esos buenos tiempos ya no volverán; quedaron en una época pasada en la que había unos valores que se han ido perdiendo poco a poco.