martes, 7 de octubre de 2008

CROSS DE LA PEDRIZA 5-10-2008

Un día con muy buena temperatura para correr es el que nos ha tocado para disputar la última prueba del Campeonato de Madrid de Carreras por Montaña. Un amanecer raso y frío, rondando los ceros grados a las 8 de la mañana, cuando llego junto a Eusebio al aparcamiento de la Pedriza. Ya hay bastantes coches aparcados, y es que cada vez somos más en estas carreras. Los rayos de sol comienzan a iluminar debilmente las cumbre más altas de La Pedriza, Las Torres, por donde minutos después tendremos que transitar en la carrera. En el coche que aparca a mi lado llega Luis Alonso, nos saludamos y me comenta las posibilidades que tiene de alzarse con el trofeo de la Copa de Hierro, que a la postre conseguiría. Nos dirigimos a recoger el dorsal, y allí ya veo a los compañeros de entreno, los del club y otros conocidos de otras carreras. Un placer siempre saludar y charlar con ellos. No me encuentro muy bien, pues estoy arrastrando un resfriado que comenzo hace un par de días, y a pesar de chutarme fuerte con paracetamol, para intentar que no empeorara, me dan escalofríos y estoy destemplado. Volvemos al coche para cambiarnos y prepararnos para la carrera; no veo el momento de quitarme la ropa de abrigo, tal es así que Luis me comenta: ¿es que vas a correr así?, le digo que no me encuentro bien; pero haciendo acopio mental, me despojo del pantalón largo y de la sudadera. Afortunadamente el sol consigue levantar por encima del Yelmo y ya nos baña con sus cálidos rayos, aunque es un efecto más psicológico que otra cosa, pues solo son las 9:00 de la mañana. Ya en la zona de salida pasamos el control de dorsales y listos para empezar. Curiosamente me encuentro mejor. El primer kilómetro transcurre por la carretera, para desviarnos y comenzar la subida al Collado del Cabrón. Empieza la selección y cada uno busca su sitio para coger el ritmo de carrera. Una vez coronado el collado, se baja hacia el Refugio Giner de los Rios, para sin llegar a él, alcanzar los Cuatro Caminos, donde se encuentra el primer avituallamiento. Allí está Ppong controlando los números de dorsal, y con una torre de vasos recogidos: ¡vaya dorsal te ha tocado! me dice, el 313 . Comienza la dura y larga subida a las Torres. Voy a buen ritmo, pero sin hechar las campanas. De pulmones un poco justo por el resfriado, pero de momento mejor de lo que esperaba. LLegamos al collado de la Carabina, nuevo control con Pilara y avituallamiento de chuches, ¡que ricas!. Cojo unas gominolas y sigo para delante recorriendo la parte norte de Las Torres pasando las enorme placas de granito, donde el terreno comienza a ser muy técnico. Justo después de salir de esta zona y alcanzar un llano, me confío un poco y pego un tremendo tropezón, que me hace salir volando en plancha, cayendo fuerte al suelo. Raspones en piernas, rodillas y manos, que afortunadamente no pasan a mayores, pero podía haber sido peor. LLego al Collado de la Ventana y nuevo descenso muy técnico y largo. Quizás aquí me acomodé un poco al ritmo de bajada de los dos corredores que me precedían, y podía haber ido más rápido, pero después de la caída, no me apetecía que pudiera tener otro percance. LLegamos al collado de la Dehesilla y subimos hacia La Pradera del Yelmo. Ya está todo lo más difícil hecho, quedan 4 km de bajada, que eso sí, hay que ir con cuidado, pues es una bajada técnica, variada, de bloques, rocas, arena suelta, etc. Se desciende hasta el río, para cruzarlo por un puente de madera que nos saca al aparcamiento para llegar después de unos 500m de ligera subida a la meta.
El avituallamiento en meta para reponer fuerzas y comentar con los compañeros el desarrollo de la prueba.
No me fue mal, y salí contento, con un tiempo de 2h 59 min 54sg.

No hay comentarios: